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Alivio

Gastritis

La gastritis es un trastorno digestivo común que afecta a 8 de cada 1000 personas y que causa cambios significativos en la vida cotidiana. Al ser una inflamación del estómago, los síntomas de la gastritis varían desde un malestar leve hasta calambres estomacales severos, náuseas y vómitos.

Aunque es habitual desarrollar gastritis como resultado de un trastorno autoinmune, existen muchas sustancias que pueden desencadenar la enfermedad. Por ejemplo, el exceso de tabaco, alcohol o antiinflamatorios (AINE), pueden provocar una ruptura en el revestimiento que protege nuestro estómago. Esta descomposición causa irritación a medida que los ácidos estomacales comienzan a actuar en el interior del estómago.

Afortunadamente, se puede diagnosticar la gastritis fácilmente a través de un simple análisis de sangre o de heces, que consiguen identificar rápidamente las posibles causas. Sin embargo, dependiendo de la causa concreta de la gastritis, el tratamiento puede ser un poco más complicado. Si la enfermedad se debe a los desencadenantes descritos anteriormente, podrían bastar unos simples cambios en el estilo de vida. Por otro lado, si los responsables son bacterias o trastornos autoinmunes existentes, los médicos podrían probar una combinación de antiácidos, medicamentos, vitamina B12 y antibióticos.

Lo bueno es que existen muchas técnicas a poner en práctica para afrontar la gastritis, e incluso se puede marcar una diferencia importante en la gravedad de los síntomas mediante pequeños cambios. Por supuesto, si sospechas que puedes tener gastritis, lo primero que debes hacer es consultarlo con tu médico. Una vez que sabes con lo que estás lidiando, puedes encontrar ayuda organizando las comidas, medicándote correctamente y tomando suplementos.

Si quieres más información sobre la gastritis, incluida la lista completa de síntomas, posibles tratamientos y cómo vivir con la enfermedad, consulta nuestro artículo completo.

Dolor neuropático

El dolor de los nervios, o neuralgia, no solo es difícil de tratar, sino que puede afectar gravemente la calidad de vida de una persona. A lo largo de todo nuestro cuerpo hay millones de nervios, que pueden hacer que identificar la causa subyacente sea como buscar una aguja en un pajar.

El dolor, en principio, es un concepto simple. Cuando algo hace daño a nuestro cuerpo, se produce una reacción en consecuencia. Pero con el dolor neuropático, la incomodidad, la picazón, el entumecimiento o la reducción de la sensibilidad se deben a la interrupción de las señales de dolor y los nervios que las transmiten. Por eso, el dolor de los nervios sigue siendo una enfermedad difícil de tratar: nuestra respuesta al dolor es mucho más compleja de lo que parece.

La mayoría de las veces, el dolor neuropático se debe a una lesión, enfermedad o infección. El dolor en los nervios no suele producirse al azar, pero cuando ocurre, se clasifica en una cierta categoría. Afortunadamente, al definir el tipo de dolor neuropático que se experimenta, se puede aislar la interrupción de la señalización de nuestro dolor. Por ejemplo, la neuropatía focal se centra alrededor de la cabeza, la mano, el torso o la pierna y, por lo general, apunta a un daño de un solo nervio en lugar de un determinado centro nervioso.

Aunque el dolor neuropático puede llegar a resultar limitante, existen muchas técnicas para afrontarlo y posibles tratamientos. Puede que el dolor sea un mecanismo sofisticado, pero también lo son los remedios modernos. Por supuesto, como cada persona responde al dolor de forma única, es importante estar abierto a varias opciones de tratamiento para determinar cuál es más adecuada para los síntomas. Los bloqueadores de nervios, la fisioterapia, los suplementos, los cambios en el estilo de vida y los medicamentos pueden ayudar a recuperar la calidad de vida.

Si te interesa aprender más sobre la respuesta al dolor, cómo nuestro cuerpo procesa el dolor y cómo vivir con enfermedades neuropáticas, consulta nuestro artículo completo.

Dolor físico

El dolor físico podría parecer algo más obvio de tratar, pero eso no quiere decir que los síntomas sean más fáciles de manejar. De hecho, los tratamientos para el dolor físico pueden variar enormemente porque cada persona experimenta el dolor de manera diferente. El umbral del dolor de las personas varía, y eso significa que no hay dos casos de dolor físico iguales, a pesar de lo similares que puedan parecer.

Existen muchas sensaciones de dolor físico, ya sea dolor nociceptivo (un golpe o corte), dolor radicular (compresión) o dolor visceral (daño a los órganos internos), y cada una presenta sus propios síntomas, técnicas de manejo y tratamientos. Afortunadamente, la mayoría de los casos de dolor físico son agudos, lo que significa que una vez que se cura o se trata la lesión, el dolor desaparece.

Sin embargo, es habitual que el dolor físico se vuelva crónico, especialmente si está relacionado con una lesión en la espalda o el cuello. De hecho, uno de cada cinco adultos europeos vive con dolor constante. Aunque puede que el dolor sea manejable en la mayoría de los casos, eso no impide que afecte a tu confianza y ganas de vivir.

Si experimentas dolor físico agudo o crónico, puedes encontrar ayuda fácilmente. Hay muchas formas de vivir una vida plena a pesar del dolor crónico, ya sea a través de técnicas para afrontarlo como el mindfulness, los suplementos, el ejercicio o hablarlo con otras personas. En cuanto al tratamiento, la manera más adecuada dependerá de un diagnóstico preciso. No tardes demasiado en visitar a tu médico y, si es posible, lleva un registro del dolor que experimentas para ayudar a identificar la causa.

Para obtener más información sobre los diferentes tipos de dolor, por qué todos sentimos el dolor de manera diferente y las mejores formas de controlar el dolor físico crónico, consulta nuestro artículo.

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